Es mejor el uso de las riquezas que la posesión de ellas.
A cualquier cosa se le llama amor. Existen muchas palabras relacionadas con él: enamorarse, querer, desear, gustar, buscar, necesitar… Hay muchos matices y la educación es necesaria para saber distinguir entre unas y otras.
Algunos confunden no tener tabúes con no tener principios.
Casi todo lo humano está en la infancia. Cuando esa etapa ha sido feliz, sana, llena de afecto y bien enfocada, uno sale fuerte para todo.
Del pecado, lo peor es la perseverancia.
El consumismo tiene una fuerte raíz en la publicidad masiva y en la oferta bombardeante que nos crea falsas necesidades.
El cuarenta por ciento de la felicidad depende de los genes.
El divorcio es un camino hacia la felicidad.
En este final de siglo, la enfermedad de Occidente es la de la abundancia: Tener todo lo material y haber reducido al mínimo lo espiritual.
Enseñar a pensar es una de las principales tareas de la educación intelectual.
Es grande ver a un hombre crecerse ante el fracaso y que empieza de nuevo.
Hay que tener mucha personalidad y un entorno en donde uno se pueda sentir arropado para no dejarse llevar por la corriente de la moda.
Inicua es la ley que a todos igual no es.
Internet es positivo porque nos une, nos conecta. Incluso a las personas mayores. El estar conectado nos prolonga la vida y no solamente añade años a la vida, sino vida a los años.
Jamás el esfuerzo desayuda a la fortuna.
La amistad profunda implica el riesgo de dejarse conocer y abrirse.
La educación es una tarea lenta y progresiva que requiere no sólo de información sino de formación. La información es conocimiento de datos, sin embargo, la formación es criterio, mejora de la personalidad.
La felicidad es estar haciendo algo grande con la vida, algo que la llene y que vaya más allá de los propios intereses.
La felicidad es la máxima aspiración del hombre, hacia la que apuntan todos los vectores de su conducta, pero si queremos conseguirla, debemos buscarla. Además, la felicidad no supone un hallazgo al final de la existencia, sino a través de su recorrido.
La felicidad es suma y compendio de lo que uno ha ido haciendo con su vida.
La felicidad no consiste en vivir bien y tener un excelente nivel de vida, sino en saber vivir. Es frecuente captar esto cuando la vida se acaba.
La felicidad no es posible sin el amor.
La libertad no es nada cuando se convierte en un privilegio.
La mitad está hecha cuando tienen buen principio las cosas.
La televisión, tal y como se ha ido desarrollando en los últimos años, es antipedagógica. Hay que aprender a verla mediante unos criterios operativos concretos. Los psiquiatras vemos muchos de esos lamentables resultados: niños apáticos, narcotizados delante del televisor, que se lo tragan todo, sin imaginación ni creatividad... y todo ello, con sólo apretar un botón y sin el menor esfuerzo.