Cuando bordeamos un abismo y la noche es tenebrosa, el jinete sabio suelta las riendas y se entrega al instinto del caballo.
El cuerpo humano es el carruaje; el yo, el hombre que lo conduce; el pensamiento son las riendas, y los sentimientos, los caballos.
La manera en que una persona toma las riendas de su destino es más determinante que el mismo destino.
Procura llevar las riendas de tu vida, pero, cuando sea la vida la que te arrastre, procura encajar los golpes.
Si la pasión te conduce, que la razón tenga las riendas.
Voy con las riendas tensas y refrenando el vuelo porque no es lo que importa llegar solo ni pronto, sino llegar con todos y a tiempo.