El Estado soy yo.
... Y todo por amarte, lindísimo país poblado de cadáveres y cráteres floridos.
A los que tienen paciencia, las perdidas se les convierten en ganancias, los trabajos en merecimientos y las batallas en coronas.
Ahora tenés tiempo y tenés tiempo y recordame. No me perdás en tu cabeza.
Antes las distancias eran mayores porque el espacio se mide por el tiempo.
Aunque el Vaticano sostenga que la castidad es el valor supremo, en cualquier caso, me parece la aberración sexual más grande.
Ayer pasó Dios por mi puerta y me miró a los ojos (nunca lo había visto de aquel modo inquisitivo). Hizo que repitiera el nombre que llevo entre los labios: era tu nombre, amor.
Beso el barro, amo el estuco delicado, me inclino ante los sabios estelares, ante el pueblo que contaba los luceros y escribió sobre basalto la única historia verdadera que se ha escrito en esta tierra.
Biografías: Son el ejercicio de la minucia, un absurdo. Algunas constan exclusivamente de cambios de domicilio.
Cada vez que proveo una plaza vacante, creo cien descontentos y un ingrato.
Como ser humano soy una especie de antología de contradicciones, de gaffes, de errores, pero tengo sentido ético. Esto no quiere decir que yo obre mejor que otros, sino simplemente que trato de obrar bien y no espero castigo ni recompensa. Que soy, digamos, insignificante, es decir, indigno de dos cosas; el cielo y el infierno me quedan muy grandes.
Comprendí que el trabajo del poeta no estaba en la poesía ; estaba en la invención de razones para que la poesía fuese admirable.
Conceder el perdón es el más alto grado de vanidad o de miedo.
Creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos.
Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en el que el hombre sabe para siempre quién es.
Cualquiera es poderoso para hacer.
Cuanta más comprensión demos, menos necesitaremos.
Cuanto más dinero entra, más inestable te sientes, porque tienes miedo de perderlo.
Democracia: es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística.
Desde que te sabemos hasta donde te recordamos. En tu memoria siempre nuestra sangre se mezcló con tus entrañas.
Desgraciados los hombres que tienen todas las ideas claras.
Después de mi, el Diluvio.
Desterrada la justicia que es vínculo de las sociedades humanas, muere también la libertad que está unida a ella y vive por ella.
Desventurado el hombre que no tiene quien le amoneste cuando tiene necesidad de ello.
Dicen que soy un gran escritor. Agradezco esa curiosa opinión, pero no la comparto. El día de mañana, algunos lúcidos la refutarán fácilmente y me tildarán de impostor o chapucero o de ambas cosas a la vez.