No hay nada tan recompensante como hacer a la gente darse cuenta de que son valiosas en este mundo.
A ti ya no te queda nada, y a mí me queda por lo menos, éste síndrome incurable de quererte tanto
De haber escrito mi propio epitafio este hubiese sido: Tuve una riña de enamorados con el mundo.
Después de echar un vistazo a este planeta, un visitante de otro mundo diría: quiero ver al mánager.