Afortunado el hombre que se ríe de sí mismo, ya que nunca le faltará motivo de diversión.
El hombre se cree siempre ser más de lo que es, y se estima menos de lo que vale.
Un gran hombre demuestra su grandeza por el modo en que trata a los que son o tienen menos que él.
"Sé al menos mi enemigo": así habla el verdadero respeto que no se atreve a implorar amistad.