Cuando necesito de paz, de tranquilidad, de sosiego, cuando muchos copetines y muchas farras me han cansado, vengo a ver a mi viejecita, y a su lado recobro fuerzas.
Cuando se acierta con la persona, el matrimonio da felicidad y tranquilidad.
En la tranquilidad hay salud, como plenitud, dentro de uno. Perdónate, acéptate, reconócete y ámate. Recuerda que tienes que vivir contigo mismo por la eternidad.
Estar alerta, he ahí la vida; yacer en la tranquilidad, he ahí la muerte.
La prudencia es la madre de la tranquilidad
La vejez conduce a una tranquilidad indiferente que asegura la paz interior y exterior.
Lo que se hace con precipitación nunca se hace bien; obrar siempre con tranquilidad y calma.
No son las riquezas ni el esplendor, sino la tranquilidad y el trabajo, los que proporcionan la felicidad.
Una vida feliz consiste en tener tranquilidad de espíritu.