La verdad, sino es entera, se convierte en aliada de lo falso.
Cuando alguien que de verdad necesita algo, lo encuentra, no es la casualidad quien lo procura, sino él mismo. Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello.
El conocimiento descansa no solo sobre la verdad sino también sobre el error.
El que ama de verdad no es el que enciende el fuego, sino el que lo conserva.
La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla.
La verdad es como el agua filtrada, que no llega a los labios sino a través del cieno.
La verdad es que amamos la vida, no porque estemos acostumbrados a ella, sino porque estamos acostumbrados al amor.
La verdad es semejante a Dios: no se revela inmediatamente, sino que debemos adivinarla a partir de sus manifestaciones.
La verdad filosófica no es la concordancia del pensamiento con el objeto, sino la adecuada expresión del ser del propio filósofo.
Las falsedades no sólo se oponen a la verdad, sino que a menudo se contradicen entre sí.
Las matemáticas poseen no sólo la verdad, sino cierta belleza suprema. Una belleza fría y austera, como la de una escultura.
No es en los hombres, sino en las cosas mismas, donde es preciso buscar la verdad.
No se accede a la verdad sino a través del amor.
No se debe mostrar la verdad desnuda, sino en camisa.
Toda violación de la verdad no es solamente una especie de suicidio del embustero, sino una puñalada en la salud de la sociedad humana.
Un error no se convierte en verdad por el hecho de que todo el mundo crea en él.
Una historia no es sólo verdad cuando se narra cómo ha sucedido, sino también cuando relata cómo hubiera podido acontecer.
Una mentira repetida muchas veces se convierte en una gran verdad.
El hombre en su esencia no debe ser esclavo, ni de sí mismo, ni de los otros, sino un amante. Su único fin está en el amor.
No solemos considerar como personas de buen sentido sino a los que participan de nuestras opiniones.
-Un pequeño cambio positivo puede cambiar tu día entero o tu vida entera.
. . . Es absolutamente cierto, con toda la honrada verdad de que es susceptible la palabra humana -con toda la escrupulosa exactitud de quien considera un crimen alimentar esperanzas políticas que no tienen razón de existir-por el placer mezquino de hacer triunfar la vanidad ridícula, o el interés sórdido -o de disimular-su capa de fáciles combate y cómodas oposiciones, inveteradas y reales flaquezas. Y así, si se cae, se cae con una hermosa compañía.
A algunos hombres los disfraces no los disfrazan, sino los revelan. Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro.
A donde irá el buey que no are, sino al matadero?.
A la hora de la verdad, que es la de buscarse a sí mismo en lo objetivo, uno olvida todo y se dispone a no ser fiel más que a su propia sinceridad.