A quien nos justifica nuestra desconfianza llamamos enemigo, ladrón de una esperanza.
A veces en la vida hay que saber luchar no sólo sin miedo, sino también sin esperanza.
Al hombre perverso se le conoce en un sólo día; para conocer al hombre justo hace falta más tiempo.
Al principio de las catástrofes, y cuando han terminado, se hace siempre algo de retórica.