Así, el estudio sin voluntad malogra la memoria, que no retiene entonces nada de lo que toma.
Cuando el amor es la normas, no hay voluntad de poder, y donde el poder se impone, el amor falta.
El amor es como la fiebre: nace y se extingue sin que la voluntad tome en ello la menor parte.
El valor no es la ausencia del miedo, sino el miedo junto a la voluntad de seguir.
Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.