Ave de mar en madriguera, anuncia tempestad de esta manera.
Denme la tormenta y la tempestad del pensamiento y la acción, más que la calma chicha de la ignorancia y la fe.
Dios ayuda al marinero en la tempestad, pero el marinero debe estar al timón.
El horizonte es negro, la tempestad amenaza; trabajemos. Este es el único remedio para el mal del siglo.
El piloto muestra en la tempestad su saber y su valor.
El talento se educa en la calma y el carácter en la tempestad.
Entre las piedras y el fuego, frente a la tempestad o en medio de la sequía, por sobre las banderas del odio necesario y el hermosísimo empuje de la cólera, la flor de mi poesía busca siempre el aire, el humus, la savia, el sol, de la ternura.
La tempestad sopla el rostro de alguien empapado.
Múltiples son nuestras caricias y deliciosas ofrendas, el mar en tempestad es un eco de mi sangre en ebullición.
Tras la tempestad viene la calma.
Y acaso, náufrago indeciso, querrías compartir mi tempestad, en este universo donde el calor y la furia de mis besos, te dejaran -apenas-, sensación, olor, quietud de olvido...