Los cántaros, cuanto más vacíos, más ruido hacen.
Los que dejan al rey errar a sabiendas, merecen pena como traidores.
Si Dios me hubiera consultado sobre el sistema del universo, le habría dado unas cuantas ideas.
. . . . Cuando la ignorancia es felicidad, es una locura ser sabio.
Agradar cuando se recaudan impuestos y ser sabio cuando se ama son virtudes que no han sido concedidas a los hombres.
Agradece al tiempo que, mucho más sabio que tú, no apresure tus horas de dolor ni se demore en tus momentos de dicha, sino que te los mida con la misma igualdad, con la misma ecuanimidad generosa.
Amar un sistema requiere conocerlo, el que lo ama es sabio, porque entiende las interconexiones entre todos los elementos
Atiende más a la mirada del sabio que al discurso del necio.
Cuando bordeamos un abismo y la noche es tenebrosa, el jinete sabio suelta las riendas y se entrega al instinto del caballo.
Cuando el corazón se agita, se ofrenda rutinariamente. Por eso, sólo el sabio es capaz de agotar el sentido de la ofrenda.
Cuando el sabio yerra, el necio se alegra.
Cuando veáis a un hombre sabio, pensad en igualar sus virtudes. Cuando veáis un hombre desprovisto de virtud, examinaos vosotros mismos.
Dijo un sabio a una campesina: ¿Qué darías por saber lo que yo sé? Respondiendo esta: Daría más por saber lo que no sabes.
El ajedrez es la esencia de lo inútil y de lo sabio.
El arte de ser sabio consiste en saber a que se le puede hacer la vista gorda.
El corazón del loco está en la boca; pero la boca del sabio está en el corazón.
El hombre que sabe y sabe lo que sabe, es un sabio, ¡síguelo!. El hombre que no sabe y sabe que no sabe, es simple, ¡enséñale!. El hombre que sabe y no sabe que sabe, está dormido, ¡despiértalo!. El hombre que no sabe y no sabe que no sabe, es un necio, ¡huye de él!.
El hombre sabio es aquel que busca instruirse con todos los hombres; el hombre fuerte, aquel que sabe quebrar sus deseos; el hombre rico, aquel que se contenta con su suerte, y el hombre honrado, aquel que honra a los demás.
El hombre sabio es pobre en apariencia, pues su tesoro está en Suiza.
El hombre sabio no debe abstenerse de participar en el gobierno del Estado, pues es un delito renunciar a ser útil a los necesitados y un cobardía ceder el paso a los indignos.
El hombre sabio no lo es en todas las cosas.
El idiota grita, el inteligente opina y el sabio calla.
El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona.
El ignorante tiene valor; el sabio miedo.
El ignorante, si calla, será tenido por erudito, y pasará por sabio si no abre los labios.