Algunos supondrán que, por mi manera de ser, propensa a la melancolía y el pesimismo, estos 90 años con los que cargo encima acabarán por desalentarme; sin embargo, es todo lo contrario.
El optimismo empieza con una mueca explícita y el pesimismo termina con gafas de sol. Además, los dos son simples poses.
El optimismo es vida; el pesimismo, un suicidio lento.
El pesimismo conduce a la debilidad, el optimismo al poder.
El pesimismo conduce a la debilidad; el optimismo al poder.
El pesimismo es un juego seguro. Así no puedes perder nunca, solo puedes ganar. Es el único punto de vista desde el que nunca te sentirás decepcionado.
El pesimismo lleva a la debilidad, el optimismo al poder.
La tristeza es un don del cielo, el pesimismo es una enfermedad del espíritu.
Mi pesimismo no es sino una variedad del optimismo.