... Y todo por amarte, lindísimo país poblado de cadáveres y cráteres floridos.
América es un país de inventores, y mayores inventores son los periódicos.
Amo demasiado a mi país para ser nacionalista.
Cuando en mi devastado país la primavera decida que ya es tiempo de florecer de nuevo, tendrá el abono de la osamenta humana que dispersó en todos lados la danza de la muerte.
Cuando en un país reina el orden, es una vergüenza ser hombre pobre y común. Cuando en un país reina el caos, es una vergüenza ser rico y funcionario.
Debemos amar a nuestro país aunque nos trate injustamente.
Debo poner mi vida en peligro y venir hasta Pakistán porque creo que el país está en peligro. La gente está preocupada. Vamos a sacar al país de esta crisis.
Desgraciado el país que necesita héroes.
El buen trato infantil es la primera característica por la que todo país debe definirse.
El gobernante que pretende encauzar a su país hacia la democracia tiene que empezar por ser un verdadero demócrata, y demostrarlo tolerando la oposición, por más cruda que se ejerza en el mitin, en la prensa, en la diatriba personal.
El mayor logro de este país, en la transición, fue la creación de una derecha y una izquierda tolerantes y modernas. Y eso se consiguió gracias a que unos y otros arrinconaron a sus propios energúmenos.
El país se fundó sobre el principio de que el rol primario del gobierno es proteger de la mayoría a la propiedad, y así sigue.
El pasado es un país lejano.
El paso del tiempo condena al olvido la memoria de un país.
El patriotismo en el campo de batalla consiste en conseguir que otro desgraciado muera por su país antes de que consiga que tu mueras por el tuyo.
El que emplea demasiado tiempo en viajar acaba por tornarse extranjero en su propio país.
El que no ha salido jamás de su país está lleno de prejuicios.
En el país de las palmeras se alimenta el asno de dátiles.
En el país de los ciegos el tuerto es el rey.
En este triste país, si a un zapatero se le antoja hacer una botella y le sale mal, después ya no le dejan hacer zapatos.
En mi país cambian los presidentes y no dicen nada, cambian los obispos, los cardenales, los jugadores de fútbol, cualquier cosa, pero el tango, no. El tango hay que dejarlo así como es: antiguo, aburrido, igual, repetido.
En mi país se pasan quince minutos diciendo que no hace falta presentarme y diciendo que van a ser breves en la presentación; y así pueden estar una hora sin haberme presentado.
En su propio país un genio es como el oro en la mina.
En un país colonial las oligarquías son las dueñas de los diccionarios.
Es una verdad indiscutible que el conjunto del pueblo de cada país desea sinceramente su prosperidad; pero es igualmente irrefutable que no posee el descernimiento y la estabilidad necesarios para un gobierno sistemático.