A la mar madera y a la tierra huesos.
A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota.
Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, pongamos que hablo de Madrid.
Ante el mar agitado la cuerda a saltar abre un vacío.
Ave de mar en madriguera, anuncia tempestad de esta manera.
Como en cuna de nacar que empuja el mar y que acaricia el cefiro, dormir parecia al blando arrullo de sus labios entreabiertos.
Cuando anochece en el mar el graznido de los patos se aclara.
Cuando el mar estaba claro tracé tu nombre en la playa, vino un oleaje a borrarlo y el mar se volvió esmeralda.
Cuando la soledad se me volvió un rito sin sentido, y el mar y el universo me negaron su sal y sus estrellas, desembarqué en este pequeño recodo donde abril come astros a falta de miel y primaveras que alimenten la rosa de sus días…
Cuerpo de la mujer o mar de oro donde, amando las manos, no sabemos, si los senos son olas, si son remos los brazos, si son alas solas de oro.
Ei matrimonio es una barca que lleva a dos personas por un mar tormentoso; si uno de los dos hace algún movimiento brusco, la barca se hunde.
El cuerpo canta; la sangre aúlla; la tierra charla; la mar murmura; el cielo calla y el hombre escucha.
El mar en primavera Se levanta y cae A lo largo del día.
El mar es un tejado de botellas que en la memoria del marino sueña.
El mar sigue cantando cuando pierde una ola.
El matrimonio es una barca que lleva a dos personas por un mar tormentoso; si uno de los dos hace algún movimiento brusco, la barca se hunde.
El muerto es el mar cuando la tierra está lejos.
El que ha naufragado teme al mar aún calmado.
El tiempo no es un campo que se mida por codos; no es un mar que se mida por millas; es el latido de un corazón.
En calma de mar no creas, por sereno que lo veas.
En tiempo de guerra, mentiras por mar y por tierra.
En tus manos soy mar incontenible, horizontales anhelos, hembra previsible ante la presencia de innumerables goces.
Entre el mar -a donde nunca fui- y el viento que corre desnudo en las montañas, emplumado de palabras invento mi camino.
Eramos yo y el mar. Y el mar estaba solo y solo yo. Uno de los dos faltaba.
Espera que llene la mar para entrar en la canal.