A veces pienso que la prueba más fehaciente de que existe vida inteligente en el universo es que nadie ha intentado contactar con nosotros.
Al inteligente se le puede convencer; al tonto, persuadir.
Con dinero en el bolsillo se es inteligente, atractivo, y además se canta bien.
Cuando se es joven, se crea. Cuando se es inteligente, se produce. No se adapta, se innova: la medianía copia; la originalidad se atreve.
Cuánto más inteligente, profunda y sensible es una persona, más probabilidades tiene de cruzarse con la tristeza.
Dicen que el mono es tan inteligente que no habla para que no lo hagan trabajar.
El hombre es inteligente porque tiene manos.
El hombre inteligente habla con autoridad cuando dirige su propia vida.
El hombre inteligente no es el que tiene muchas ideas, sino el que sabe sacar provecho de las pocas que tiene.
El idiota grita, el inteligente opina y el sabio calla.
El malvado podrá ser muy inteligente, pero no sabio.
El público es más inteligente de lo que él mismo cree, pero no hay que decírselo, porque si no se vuelve aún más impertinente de lo que es de por sí.
El que no se atreve a ser inteligente, se hace político.
El ser capaz de llenar el ocio de una manera inteligente es el último resultado de la civilización.
En medio del clamor de los aplausos, el hombre inteligente cerrará los ojos, y con la mente pedirá a los que le aclaman: ¡Perdón por haber vencido!.
Estar preocupado es ser inteligente, aunque de un modo pasivo. Sólo los tontos carecen de preocupaciones.
Hay alguien tan inteligente que aprende de la experiencia de los demás.
La diferencia entre un hombre inteligente y un tonto radica en que el inteligente se repone fácilmente de sus fracasos, mientras que el tonto jamás logra reponerse de sus éxitos.
La gente, en cualquier administración, sin importar lo inteligente o capaz que sea, no trabaja muy racionalmente. Trabajan, en cambio, por sus intereses egoístas.
La más tonta de las mujeres puede manejar a un hombre inteligente, pero es necesario que una mujer sea muy hábil para manejar a un imbécil.
La persona inteligente busca la experiencia que desea realizar.
La sabiduría es la meta del inteligente; el necio no tiene meta fija.
La ventaja de ser inteligente es que así resulta más fácil pasar por tonto. Lo contrario es mucho más difícil.
No es muy inteligente ni sensible y gozará despreocupadamente de la vida; vivirá sin enterarse de su insignificancia, y ésta es una variante, acaso la única posible, de la felicidad.
No hay cosa que haga más daño a una nación como el que la gente astuta pase por inteligente.