"Sé al menos mi enemigo": así habla el verdadero respeto que no se atreve a implorar amistad.
A quien nos justifica nuestra desconfianza llamamos enemigo, ladrón de una esperanza.
Cásate y harás bien; no te cases y harás mejor: pero no olvides que lo mejor es enemigo de lo bueno.
Creer que un enemigo débil no puede dañarnos, es creer que una chispa no puede incendiar el bosque.
Cualquiera vale para enemigo, no así para amigo; pocos pueden hacer bien, y casi todos mal.
Cuidado con la hoguera que enciendes contra tu enemigo; no sea que te chamusques a ti mismo.
El día en que dejemos de mostrar compasión hacia nuestro enemigo, nosotros seremos el enemigo.