A quien Dios no le dio hijos, el diablo le dio sobrinos.
Al que toma y no da, el diablo se lo llevará.
Cuando dios se hizo hombre, ya el diablo se había hecho mujer.
Cuando el diablo está satisfecho, es una buena persona.
Cuando el diablo habla, licencia tiene de dios.
Cuando el diablo no tiene qué hacer, con el rabo mata moscas.
Cuando la piedra ha salido de la mano, pertenece al diablo.
Detrás de la cruz está el diablo.
Dios es un pobre diablo, con un problema demasiado complicado para sus fuerzas. Lucha con la materia como un artista con su obra. Algunas veces, en algún momento logra ser Goya, pero generalmente es un desastre.
Dios no habría alcanzado nunca al gran público sin ayuda del diablo.
El amor tiene un duende que ríe, que enciende, que crea y recrea y aunque al diablo le pese, retoña y florece y al mal lo voltea.
El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres.
El diablo mira con envidia a quien sufre mucho y lo expulsa al cielo.
El diablo se viste algunas veces de serias razones para odiar.
El diablo sólo tienta a aquel con quien ya cuenta.
El diablo, harto de carne, se metió a fraile.
El que no agradece, al diablo se parece.
El rosario en el cuello, y el diablo en el cuerpo.
En arca de avariento, el diablo yace dentro.
Es muy puntual el diablo.
Hágase el milagro, y hágalo el diablo.
La mujer es un manjar digno de los dioses, cuando no lo guisa el diablo.
La mujer, sólo el diablo sabe lo que es; yo no lo sé en absoluto.
Las botas del diablo no hacen ruido.
Lo terrible en cuanto a Dios, es que no se sabe nunca si es un truco del diablo.