Donde ninguno manda, mandan todos. Donde todos mandan, nadie manda. Es el caos.
Casi siempre que un matrimonio se lleva bien, es porque uno de los esposos manda y el otro obedece.
El dios en quien yo creo no nos manda el problema, sino la fuerza para sobrellevarlo.
Vivo en un barrio de la ciudad tan apartado que el cartero me manda las cartas dirigidas a mí.