El no esperar remedio, ni desesperar de él, suele ser el remedio de los casos desesperados.
El valor nunca es mayor que cuando nace de la última necesidad.
La lengua disimula y encubre los designios.
No está la felicidad en vivir, sino en saber vivir.
Todo el estudio de los políticos se emplea en cubrirle el rostro a la mentira para que parezca verdad, disimulando el engaño y disfrazando los designios.
Un pequeño gusano roe el corazón a un cedro y lo derriba.
Las armas tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida.
A la brisa, a la abeja, a la hermosa el rosal puede dedicar la rosa.
A la hora de la verdad, que es la de buscarse a sí mismo en lo objetivo, uno olvida todo y se dispone a no ser fiel más que a su propia sinceridad.
Adonde interviene el favor y las dádivas, se allanan los riscos y se deshacen las dificultades.
Al bien hacer jamás le falta premio.
Al escribir proyectas un mundo a tu medida.
Al poseedor de las riquezas no le hace dichoso el tenerlas, sino el gastarlas, y no el gastarlas como quiera, sino el saberlas gastar.
Al que mal vive, el miedo le sigue.
Alguno se estima atrevido, cuando con otros se compara. Algunos creo que hubo tan discretos que no acertaron a compararse sino a sí mismos.
Amar amar y siempre amar haber amado haber de amar.
Amar es no pedir, es dar.
Amistades que son ciertas nadie las puede turbar.
Amo tus mil imágenes en vuelo como un bando de pájaros salvajes.
Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama.
Andan el pesar y el placer tan apareados que es simple el triste que se desespera y el alegre que se confía.
Ante la poesía, tanto da temblar como comprender.
Así te quiero, en límites pequeños, aquí y allá, fragmentos, lirio, rosa, y tu unidad después, luz de mis sueños.
Brava comparación -dijo Sancho-, aunque no tan nueva, que yo no la haya oído muchas y diversas veces, como aquella del juego del ajedrez, que mientras dura el juego, cada pieza tiene su particular oficio; y en acabándose el juego, todas se mezclan, juntan y barajan, y dan con ellas en una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura.
Cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces.