Al hombre perverso se le conoce en un sólo día; para conocer al hombre justo hace falta más tiempo.
Conocer a un hombre y conocer lo que tiene dentro de la cabeza, son asuntos distintos.
Conocer las cosas que lo hacen a uno desgraciado, ya es una especie de felicidad.
Es más fácil conocer al hombre en general que a un hombre en particular.