Optimista es el que os mira a los ojos, pesimista, el que os mira a los pies.
Al hombre de cada siglo le salva un grupo de hombres que se oponen a sus gustos.
El fin de tener una mente abierta, como el de una boca abierta, es llenarla con algo valioso.
El gran clásico es un hombre del que se puede hacer el elogio sin haberlo leído.
El pesimista sabe rebelarse contra el mal. Sólo el optimista sabe extrañarse del mal.
Gran diferencia existe entre la persona que pide leer un libro y la que pide un libro para leer.
La edad de oro retorna a los hombres cuando, aunque sólo sea momentáneamente, se olvidan del oro.
La iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, no la cabeza.