A la hora de la muerte las cosas se juzgan de muy diverso punto de vista.
A los niños se hace mucho bien tratándolos siempre con amabilidad. Hay que amarlos y estimarlos a todos por igual, aunque alguna que otra vez no lo merezcan.
Alegría, estudio y piedad: es el mejor programa para hacerte feliz y que más beneficiará tu alma.
Cada uno ocúpese y trabaje tanto cuanto su salud y su capacidad le permitan.
Dar buenos consejos a los compañeros, es una manera de hacer obras de caridad.
De la sana educación de la juventud, depende la felicidad de las naciones.
Demos bastante si queremos conseguir mucho.
Dios favorece al hombre alegre.
Donde reina la caridad, ahí está la felicidad.
El demonio no puede resistir a la gente alegre.
El dinero no puede satisfacer el corazón del hombre, sino el buen uso que de él se hace, es esto lo que produce la verdadera satisfacción.
El ocio es un vicio que arrastra consigo a muchos otros vicios.
El pasado debe ser maestro del futuro.
El principio de todo vicio es la soberbia.
Haced todo el bien que esté a vuestro alcance, pero sin ostentación; la violeta aunque esté escondida, se descubre por su fragancia.
Hay que tener la paciencia como compañera inseparable.
Hay tres clases de compañeros: unos buenos, otros malos, y otros, en fin, que no son ni lo uno ni lo otro. Debéis procurar la amistad de los primeros; ganaréis mucho huyendo completamente de los segundos; en cuanto a los últimos, tratadlos cuando os sea necesario,evitando toda familiaridad.
Huid de un mal compañero como de la vista de una serpiente venenosa.
Humildad, caridad y modestia, no pueden estar separadas la una de la otra.
La base de toda educación es cuestión de corazón.
La buena educación es el germen de muchas virtudes.
La dulzura en el hablar, en el obrar y en reprender, lo gana todo y a todos.
La falta de modestia en el hablar, indica falta de criterio.
La muerte no espera a ninguno.
La primera felicidad de un niño es saber que es amado.