Árbol que crece torcido, jamás su tronco endereza.
A veces nuestro destino semeja un árbol frutal en invierno. ¿Quién pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán? Mas esperamos que así sea, y sabemos que así será.
Lo mismo que un árbol tiene una sola raíz y múltiples ramas y hojas, también hay una sola religión verdadera y perfecta, pero diversificada en numerosas ramas, por intervención de los hombres.
Pues el pájaro cantor jamás se para a cantar en árbol que no da flor.
A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: ¿qué tono tiene su voz? ¿qué juegos prefiere? ¿le gusta coleccionar mariposas?, pero en cambio preguntan: ¿qué edad tiene? ¿cuántos hermanos? ¿cuánto pesa? ¿cuánto gana su padre?. . . Solamente con estos detalles creen conocerle.
A quien procede con honradez, nada debe alterarle. He hecho cuanto he podido y jamás he faltado a mi palabra.
A quien te engañó una vez, jamás le has de creer.
Abandonar puede tener justificación; abandonarse, no la tiene jamás.
Al bien hacer jamás le falta premio.
Al claro de luna El ciruelo blanco parece Un árbol en invierno.
Alguno no llega jamás a ser hombre, y sigue siendo rana, ardilla u hormiga.
Amar a alguien es decirle: tú no morirás jamás.
Amigo mío, todas las teorías son grises; solamente está lozano el árbol dorado de la vida.
Anda recto y no acabarás torcido.
Apenas nace la virtud, cuando ya genera contra sí la envidia, pues antes verás un cuerpo sin sombra que la virtud sin la envidia.
Apoyada a un árbol desnudo de raras hojas una noche estrellada.
Así como el árbol se fertiliza con sus hojas secas que caen y crece por sus propios medios, el hombres se engrandece con todas sus esperanzas destruidas y con todos sus cariños deshechos.
Bendita la palabra que nace cuando se abre una puerta, un recuerdo, una herida.
Bien puede pesarle a todos los demonios, pero en mí no tendrán jamás cabida.
Cada una de mis prendas nace de un gesto. Un vestido que no refleja o no hace pensar en un gesto no es acertado. Sólo después de haber encontrado ese gesto, se puede elegir el color, la forma definitiva.
Cada uno de nosotros está en la tierra para descubrir su propio camino, y jamás seremos felices si seguimos el de otro.
Caen las flores del cerezo y entre las ramas aparece un templo.
Cerró las puertas a la poesía y no regresó jamás.
Con las pasiones uno no se aburre jamás; sin ellas, se idiotiza.
Con todas las fuerzas en contra, perseverar. Jamás doblegarse. Mostrarse fuerte atrae el auxilio de los dioses.