Casi todos los médicos tienen sus enfermedades favoritas.
Los abogados, como el pan, son mejores cuando jóvenes y nuevos; y los médicos, como el vino, cuando viejos.
Los aforismos suelen ser llaves para permitirle a nuestro pensamiento abrir la puerta de nuestra cabeza y enlazarse con el mundo tangible.
Los arquitectos tapan sus errores con enredaderas. Los médicos, con tierra.
Los médicos como la cerveza, mejor cuanto mas viejos.
Los médicos cortan, queman, torturan. Y haciendo a los enfermos un bien, que más parece mal, exigen una recompensa que casi no merecen.
Los médicos dejan morir, los charlatanes matan.
Los médicos pueden enterrar sus equivocaciones, pero un arquitecto sólo puede aconsejar a su cliente plantar yerba.
Los médicos trabajan para conservarnos la salud, y los cocineros para destruirla, pero estos últimos están más seguros de lograr su intento.
Los mejores médicos del mundo son: el doctor dieta, el doctor reposo y el doctor alegría.
Mis aforismos son como los buenos vinos, mientras más pasa el tiempo, más caros.
Prefiero a los médicos, a los abogados, a las parteras. . . A cualquier cosa antes que a los escritores, son la cosa más narcisista que existe.
Sólo las mujeres y los médicos saben cuán necesaria y bienhechora es la mentira.
¿Quién decide cuando los médicos no están de acuerdo?