El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas.
Olvida uno su falta después de haberla confesado a otro, pero normalmente el otro no la olvida.
Al hacer una profunda reverencia a alguien, siempre se vuelve la espalda a algún otro.
Ambos se dañan a sà mismos: el que promete demasiado y el que espera demasiado.
Amo en las gentes lo que hay de inconsciente, de alegrÃa, de asombro, de incierta espera.
Amor no es mirarse el uno al otro, sino mirar los dos en la misma dirección.